Atrás

Fernando
de Vilallonga

El món de la costa brava

Jaume Pol Girbal, 1986

EL CASO DE EMPÚRIABRAVA

El antiguo «Clidanium», es decir, el Fluvià, siempre ha hecho los mismos disparates propios de los otros cursos de agua que desembocan entre la playa de Pals y la parte levantina del golfo de Roses; no ha querido ser menos. De sur a norte, el Ter, el Fluvià y el Muga se han hecho viejos traginando hacia el mar arena de la montaña, bonitos, fluviales: todo tipo de aportaciones robadas a la geología interior. El mar ha garbeado; ha pulido la materia y se ha fiado de la fuerza de los temporales para reinstalarla entre los areneros y las dunas. En esta negociación constante la tierra firme ha ido ganando hectáreas.

Siempre ha habido rieras cegadas (como el Daró, en Ullastret); y los ampurdaneses han tenido que luchar como neerlandeses cada vez que han querido sanear y fertilizar estas hectáreas. El mar llegaba hasta Torroella de Montgrí; ya no llega. Ya no llega tampoco a Castelló d'Empúries. Estos bajos de Empordania eran lacustres y pantanosos. Desde un punto de vista puramente sanitario, hacían más estorbo que servicio: todo el Ampurdán pagaba las consecuencias cuando el mosquito anofeles era lo más abundante entre todos los numerosos animalillos con alas.

"Castelló d'Empúries tuvo Consulado de Mar". Fotografía del año 1918.

El hombre también forma parte del que ahora dicen el equilibrio ecológico. La tramuntana favoreció mucho la salud del hombre de tierra. Por cada pobre víctima que Juan de Narbona cobraba mar adentro ¿cuántas vidas humanas salvó de las epidemias traídas por los mosquitos, incubadas por las miasmas? En tiempo romanos la tramuntana inspiró la edificación de un templo, en Narbona, villa por ellos calificada de «ventosa». Yvette Barbaza nos da, en su libro, datos bastante concretos de una procesión que hasta el segundo tercio del dieciocho iba a Requesens para agradecer y para implorar los vientos del norte(1). Narbona era la víctima de las cerradas y los estaños de Leucata así como las villas y villorios del voramar ampurdanés lo eran de las marismas y aguadulces alimentados principalmente por el Ter, la cuenca de Pals, y por el Fluvià y el Muga, en el golf de Roses.

Hablamos de estas cosas con Joan Ramilans. Hemos comido en Sant Pere de les Pomes, hemos sesteado cerca de un embarcadero deportivo inacabado, las hemos pasado negras para encontrar la salida y ahora ya estamos a muy poca distancia de Empúriabrava(2). El hombre que se ha jugado el crédito para construir Empúriabrava es amigo nuestro. Se llama Ferran Vilallonga. Como Joan Ramilans, procede de la parte interior de la comarca de la Selva. Es corpulento, bastante hablador y lleno de dinamismo. Cuando éramos niños le llamábamos «en Cassola» a causa de una enorme boina que llevaba. Parece que los Vilallonga vienen de una alcurnia de terratenientes carlistas.

No es posible hablar de Empúriabrava sin hablar también de Santa Margarida, que se encuentra más al norte y que es menos importante. La última vez que Josep Pla retocó su «Guía de la Costa Brava» todavía no tenía noticia de la decisiva aparición de Vilallonga, iniciada al poco de la ordenación de las «preocupaciones técnicas del ingeniero señor Llansó y (gracias a) el interés que el señor Miquel Mateu siente por este país. La canalización del Muga es un hecho. Recordar la riqueza y el tiempo perdido, los pantanos y las aguas muertas creados por el abandono anterior, la esterilidad de tantos terrenos que el desagüe cósmico producía, no serviría para nada. Si las aguas del Muga puedan llegar a ser provechosas, bien podemos dar gracias a Dios»(3)

Miquel Mateu i Pla, propietario del castillo de Peralada, había heredado y administraba, con una viveza de hormiguita, la gran fortuna que le había transmitido su padre Damià, persona originaria del Montseny. Miquel Mateu se casó con una chica de Celrà, Júlia Quintana. La madre de Miquel Mateu era hermana del arzobispo cardenal Pla i Deniel, Primado de España. La parte más gorda de la fortuna del abuelo Mateu se había basado en una hábil manera de invertir dentro de la empresa Birkitz -creadora de la marca «Hispano Suiza»- las ganancias que iba acumulando haciendo negocios gracias al hierro viejo. Le llamaban «el rey de los hierros», y este es el único título que transmitió a su heredero, esto después de rechazar el título de conde que le ofreció el rey Alfonso XII. -«Usted, desde ahora, es conde» le dijo este. —«Yo no soy conde. Soy anticomunista» —«¿Tiene usted miedo, don Damián?» —«No tengo miedo de los comunistas, sino de los condes que me rodean...»(4)

El segundo «rey de los hierros» había heredado, entre otras cosas, el desprecio de su padre hacia los títulos de nobleza. Fue el primer alcalde de Barcelona después de la victoria de los franquistas. Aceptó el cargo de embajador en París. Era un buen negociante y un buen pactador. Con el Caudillo sabía guardar las distancias: tampoco aceptó una propuesta de inyección de sangre azul. Más tarde, desengañado, se apartó de la política. Entonces fue, en Barcelona, presidente de Fomento del Trabajo y de la Caixa de Pensiones, además de propietario principal del «Brusi». Los Mateus vivían mucho en Peralada: hacían paseos entre el castillo y la casa veraniega que poseían en Garbet. El suegro del actual Presidente de «Casinos de Cataluña, S.A.», hizo mucho por el Empordà. Además del primer empujón para la canalización del Muga, dio dignidad a los vinos de Peralada. Era un hombre de habla llana e incisiva. Esto de «rey de los hierros» le era atribuido sin ironía, con un respeto reverencial. Mi tío Teodor lo admiraba y lo temía: —«El rey de los hierros te mira y te lee los pensamientos. ¡Si lo quieres joder, vas mal!...» —aseguraba.

Los Mateus no eran condes; eran «reyes»...

Vilallonga ha hecho de Empúriabrava la obra de su vida. Me consta que ha pasado momentos muy duros y que a menudo ha estado más víctima de la envidia que de los consorcios financieros.

«Avara povertà!» como decia Dante, mezclando quizás nuestra «povertà» con nuestra mania de apagar las luces, definida por Rusiñol. Durante una larga treintena de años he oído pregonar que Vilallonga estava «rosegat per la puça», o tocado de la cabeza, o pillado hasta el cuello: —«El turismo volverá a ir a la baja. Este Vilallonga come más con la boca que con los ojos. No podrá salir de esta.»— me iban diciendo los buenos predicadores de mal año. De los cobardes no se ha escrito nada. Labrar a fondo, poner estiércol y dejar pasar el tiempo: Empúriabrava es una realidad.

(1) Yvette Barbaza. «Le paysage... ». Íbid.
(2) El nombre de marca es «Ampuriabrava». Bajo esta denominación arrancaron los primeros esfuerzos de propaganda.
(3) J. Pla. «Guia... ». Íbid.
(4) Josep Pla. «Retrats de passaport». Volumen 17 de las Obres Completes. «Ed Destino». Barcelona.
En el verano, sobretodo, la tramuntana tiene un azul vivo y valiente, alocado, fantástico, cuando se dispersan las nubes cerca de las dunes del golfo de Roses.