El urbanismo, la urbanización de la Costa Brava ha sido uno de los grandes caballos de batalla del pasado, también del presente y posiblemente del futuro de nuestro litoral. Han sido realizadas obras de este tipo para todos los gustos. Desde poderosos rascacielos asomados al mar, posiblemente porque fue el resultado de unos altísimos costos de los solares, hasta deliciosos conjuntos residenciales para unos privilegiados, pero que han tenido el encanto de haberse adaptado a la realidad natural de un entorno o lo que incluso ha sido posible, es decir mejorar la naturaleza por bella y encantadora que fuese, y más aún recuperar para el turismo zonas totalmente despreciadas y poco menos que abandonadas, desde sus propios orígenes.
Hace pocos días comentábamos con un visitante italiano una de las realizaciones urbanísticas del Duce, cual fue la desecación de las marismas que rodeaba Roma y conseguir que los mosquitos dejasen de ser una plaga de la ciudad eterna. Para ello se trabajó con dureza y hasta diríamos que con espectacularidad.
En la Costa Brava, sin que tratemos de buscar a ningún Duce, lo cierto es que la obra más espectacular, desde el punto de vista urbanístico, también tuvo que luchar contra los mismos enemigos de Roma, es decir contra los mosquitos. Está claro, que este punto no era otro que el tramo del golfo de Roses, entre las playas de Castelló d'Empúries y de la propia Roses, que si bien fue un paraíso para los cazadores de aves acuáticas, se convirtió en un punto malsano y peligroso desde muchos puntos de vista. La verdad es que hacía falta más que la imaginación de un «dimoni» para conseguir sacar provecho urbanístico y turístico de toda aquella inmensa marisma. Pero por aquello de que la imaginación al poder, un hombre de la comarca de la Selva, sin duda junto a muchos otros, pero en él los personalizamos a todos los que hicieron posible este gran milagro de Empuriabrava, no podía estar ausente de esta galería de «dímonis» de la Costa Brava. Una iniciativa capaz de cambiar la geografía es verdaderamente de «dimonis».
Creemos que las grandes pasiones de Fernando de Vilallonga, han sido la aeronáutica, la caza y el urbanismo. Póngalo el lector en el orden que desee, y añádanle una exquisita sensibilidad por las artes y la cultura, una devoción por la familia y por Girona, y también casi completo el retrato, o por lo menos el apunte de nuestro «dimoni».
También parece que su objetivo ha sido conseguir estos cambios en la geografía. Un mapa del golfo de Roses, anterior a nuestra Guerra Civil, por citar una referencia frecuente, señala, en efecto en el perímetro que hoy conocemos por Empuriabrava, como una zona pantanosa y que en Girona todo el mundo sabía que era insana, con millones de mosquitos como principales pobladores, además de los cazadores de patos o de gallinas de agua entre otra fauna que encontraba en aquella naturaleza su hábitat adecuado. Las cifras de paludismo y otras enfermedades de los pantanos eran altísimas en aquel entorno.
Enfrentarse con esta naturaleza y cambiarlo, por uno de los conjuntos turísticos más importantes de la península, no solo fue una idea de un «dimoni», sino que sin duda mereció calificativos demenciales, por parte de quienes debieron conocer la noticia en sus inicios.
Igualmente en cuanto se supo el detalle del proyecto, la cosa pareció todavía más asombrosa. La utilización del agua como gran elemento natural, aunque podía considerarse el antecedente de la vecina obra de San Margarita, en la dimensión propuesta en Empuriabrava era algo sin precedentes, no solo en la Costa Brava, sino en aquella época en todo el Mediterráneo. Con el “dimoni“ Vilallonga había otros no menos “dimonis”, pero para los gerundenses o por lo menos para muchos de nosotros el “dimoni” visible ha sido, en relación con Empuriabrava, como lo ha sido en otra gran aventura urbanística, que no es este el lugar de tratarla, como Montjuïc, insistimos, que esta persona que unimos a la acción ha sido Fernando De Vilallonga, que de sus orígenes rurales en la comarca de la Selva ha pasado a ser un elemento definidor de la Costa Brava, o incluso de unos pues la historia arranca en Llançà, como primera experiencia profesional de urbanista de nuestro “dimoni”.
Pensar en recuperar las marismas de Roses y convertirlas en un centro de primera categoría urbanística en la Costa Brava, era, ciertamente echarle mucha imaginación al asunto. No solo por el concepto de «marina residencial» que es como se denominó, sino por los detalles y no tan detalles que se incluyeron en el tema. Desde las propias características de los edificios, algunos de ellos, como el club náutico, auténticamente definitivos en la arquitectura de la costa, como en el propio proyecto del puerto deportivo, de unas dimensiones y capacidades asombrosas aún hoy día y sobre todo por la red de canales servidos a la puerta de buena parte de las villas que se construían allí, o que en realidad se pensaba que se podrían construir. Pues durante años Empuria-brava fue exactamente esto, un sueño o una idea. La realidad siempre es más lenta.
Evidentemente, en cuanto se conoció el proyecto y sobre todo que iba camino de convertirse en realidad, surgió la envidia nacional y, en consecuencia los ataques al proyecto. Los hubo de todos los tipos, desde los personales a nuestro «dimoni», a los urbanísticos, de todos los niveles y calidades. No podía ser que la idea de un gerundense pudiera ser algo que triunfase. Los mediocres no paraban. Había que torpedear la idea sobre todo cuando se hallaba en este nivel, a medida que se convirtiese en realidad más difícil sería echarla por tierra.
Por suerte para la Costa Brava, nuestro «dimoni», disfruta de la virtud doble de la paciencia y la tenacidad. Empuria-brava surgió pese a sus enemigos y se convirtió en algo más que una urbanización de las que jalonan nuestra costa. Estamos seguros de que sigue siendo un modelo de adaptación a un entorno, de la mejora y transformación del mismo y también en este orden personal, creemos que merece la pena de ser puesta de ejemplo de lo que un buen urbanismo puede conseguir por difícil que sea la zona.
Evidentemente, Empuria-brava, como cualquier urbanización, como las iniciativas que se han tenido a lo largo y ancho de la Costa Brava, perseguía un objetivo: Unos beneficios, está claro que sin este destino final, la mayor parte de tales obras no se habrían realizado. Sin embargo como en tantas otras actividades humanas, además del lucro, del ganarse la vida de la mejor forma posible, es evidente que el trabajo, las iniciativas, por tanto las urbanizaciones, pueden hacerse desde la frialdad empresarial o por el contrario poniendo en ellas parte del mismo ser.
Sinceramente creemos que es lo que se ha hecho en Empuria-brava. Fernando de Villalonga, por demás creemos conocerle lo suficiente para saber que ha funcionado por la vida de esta forma. Tal vez esto le haya costado más de un disgusto y dejarse jirones del alma en tales como la ya mencionada y todavía poco comprendida como Montjuïc, pero, en este sentido ha sido de una total honestidad consigo mismo, y no en vano es un “dimoni” de la amistad, pues sabe darla y sobre todo sabe que puede disponer de los amigos, que siempre suelen ser menos de los que uno cree que tiene.
Sin este cariño puesto por el «dimoni» Vilallonga en Empuria-brava y sin estos amigos, antes que asociados, la obra difícilmente habría podido seguir adelante, entre tantos «segadores de hierba» que surgieron, especialmente a medida que se perfilaba la realidad de una idea que por sí misma ya fue combatida.
Sin duda cuando el «dimoni» de hoy, contempla la perspectiva de todo lo que se ha hecho en Empuria-brava, debería poder aspirar al «descanso del guerrero» o del «dimoni». Pero ni los verdaderos guerreros ni los verdaderos «dimonis» se retiran, se rinden ni se cansan jamás.
Estamos seguros de que en la mente de nuestro «dimoni» ya deben pulular ideas de otras Empuria-brava, por tanto solo es cuestión de esperar a que salgan estas ideas. Estamos ante un «dimoni» de toda la vida.
Una serie de: J. Víctor GAY
Fotos: Archivo del autor